Por Mariano Rovatti
Sí, se puede medir la felicidad. Acá vamos a ver cómo. ¿Te animás a hacer el ejercicio, y saber cuánto sos feliz?
Antes de
ver cómo medir la felicidad, acordemos en qué es la felicidad, y reflexionar sobre
algunas de sus características.
Si
consideramos a la emoción como una reacción subjetiva a un estímulo externo,
condicionada por nuestro mundo de creencias; y al sentimiento como la
conciencia de la emoción, podemos decir que la felicidad es un sentimiento que incluye principalmente a las emociones de
amor y alegría.
También
podemos destacar que la felicidad no tiene que ver principalmente con objetivos
a alcanzar -materiales, sentimentales o espirituales- sino con actitudes
internas que se sostienen, como el optimismo, la esperanza, el placer, el
deseo….
Alguien
dijo que la felicidad no se alcanza, sino que se lleva.
Pero más
que emociones o sentimientos, la felicidad tiene que ver con estados de ánimo.
Mientras las emociones son efímeras, los estados de ánimo son permanentes. No
elegimos ni controlamos las emociones, pero sí decidimos en cuál estado de
ánimo permanecemos.
Los estados
de ánimo son el fruto de anclarse en una emoción determinada.
Básicamente,
existen cuatro estados de ánimo: la resignación y su opuesto, la ambición; y el
resentimiento, y su opuesto, la paz.
En la
resignación, hay una permanencia excesiva en la tristeza y el dolor, no vividos
como una reacción necesaria frente a lo que juzgamos una pérdida, sino como una
declaración de impotencia frente a los desafíos de la vida. “No es para mí”,
“ya no estoy para eso”, “es imposible”, “nunca voy a poder” son frases
demostrativas de ese estado de ánimo.
Su estado
contrario es la ambición, que está determinado por una instalación en emociones
como el amor y el deseo. Cuando nos hallamos en ambición, creemos que podemos
mejorar nuestra situación, y que esa posibilidad vale cualquier esfuerzo. “Voy
a lograrlo”, “eso es para mí” y “estoy en camino” son declaraciones típicas de
la ambición.
Es de notar
que la palabra ambición es asociada con frecuencia a la codicia, pero aquí
hablamos de ambición en su sentido más sano, el que tiene que ver con el deseo,
los proyectos y los sueños y las estrategias que desarrollamos para
satisfacerlos.
En otro
eje, se halla el resentimiento, como un estado en donde la ira ya no es la
reacción natural a una injusticia o una situación que no deseamos, sino en un
estado permanente que nos lleva al odio a personas, situaciones o cosas.
La paz es
un estado de ánimo que resulta del amor, la serenidad y la confianza en
nuestros recursos, posibilidades y aptitud para el aprendizaje y para responder
a imprevistos. Estamos en paz cuando aceptamos lo que nos pasa, porque
estimamos que la adversidad y los desafíos no son más poderosos que nuestras
habilidades y posibilidades.
Con estas
bases, podemos trazar dos ejes: uno de resignación-ambición y otro de
resentimiento-paz. Si ponemos una nota de 1 a 10, tomando como 1 la resignación
en su peor punto, y 10 la ambición en su máxima expresión, calificaremos cómo
estamos en ese eje. Y haremos lo mismo con el eje resentimiento-paz.
La
calificación de la felicidad será el promedio entre las notas de ambos ejes.
Ej: si la primera nos da 7 y la segunda 9, la medición de nuestra felicidad
será 8.
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